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He sufrido la amputación por debajo de la rodilla a causa de un accidente automobilístico: el volante se bloqueó en una curva y chocamos contra el guardrail, que entró en el interior del habitáculo y me cortó, literalmente,  la pierna. Faltaban dos días para Navidad 1993. Parecía una señal del destino, una serie de coincidencias que me llevaron a estar donde no debía. Un destino no deseado: una pierna amputada por debajo de la rodilla, con una necrosis que obligaba a los médicos  a continuas intervenciones durante tres meses y la licenciatura de la universidad cada vez más lejana. No obstante, creció dentro de mí la fuerza para comenzar nuevamente con la vida. Pasados cuatro días de internamiento en el hospital Niguarda de Milán, vinieron a visitarme mi mejor amigo y un compañero de la universidad, Guido Bussolini y Battista Galliani, ex campeón  de esquí acuático (amputado también por debajo de la rodilla). Se puso a saltar delante de mí, primero sobre su pierna sana,  y después,  sobre su prótesis. ¡Un espectáculo increíble! Fue entonces cuando me dije : si un señor de 50 años  puede hacer esto, quién sabe lo que podré hacer yo con sólo 23. Y fue así que decidí empezar a correr.
Permanecí internado en el hospital durante 3 meses y a finales de abril de 1994 me dirigí al Centro Prótesis INAIL ( en Italia, Instituto Nacional de Seguros para la prevención de accidentes laborales) en busca de mi primera prótesis. Sentía una fuerte necesidad de independencia. De hecho,  al día siguiente,  estaba ya dando vueltas en bicicleta por Milán. Algunos años más tarde, en ocasión de los Juegos Paraolímpicos de Atlanta de 1996, tuve la oportunidad de ver correr al fenómeno Tony Volpentest, FOCOMELICO, sin brazos ni piernas, los 100 metros lisos en 11 segundos y 38 centésimas. Fue entonces cuando entendí que la tecnología podía ofrecerme la posibilidad de correr. La idea ya me había pasado por la cabeza cuando conocí a Galliani, pero aquel día decidí que, antes o después, yo participaría a unas paraolimpiadas.
Empecé  a correr  a finales de 1996. Como un oxímoron, quien no tiene piernas quiere correr...Aún recuerdo como si fuese ayer el día que regresé a Milán con mi primer pie de carbono. Habían pasado sólo tres años de mi accidente pero, no obstante una lluvia torrencial, yo estaba corriendo en  el parque de Trenno. Una sensación increíble de paz y de libertad me sobrecogió.
En junio de 1997 entré en la Polisportiva Milanese y a finales del mismo año fue realizada en el Centro Prótesis INAIL la primera prótesis italiana para correr.
En abril del 2008 empezó mi carrera profesional, con los 100 metros, los 200m y el salto en largo, consiguiendo varios títulos italianos y clasificaciones en los campeonatos europeos ( 4posición en los 200 y en el salto en largo en Assen 2003), en los campeonatos mundiales y en los juegos paraolímpicos de Atenas 2004 (sexto en el salto en largo.)
Las paraolimpiadas de Atenas me cambiaron la vida no sólo como atleta sino también como persona porque allí encontré a otras procedientes de todas partes del mundo en grado de reaccionar a su situación de invalidez recurriendo cada uno a métodos personales y, por tanto, siempre vencedores. Me acordé de Tony Volpentest que ya se había retirado. Él no había sido simplemente un gran atleta sino también una gran defensor de los derechos de personas con amputaciones. Decidí que había llegado el momento de cambiar mi vida: me despedí de la multinacional donde trabajaba proyectando internos para habitáculos CNH, Same, Man y Steyr, y comencé un doctorado de investigación en el Departamento de Mecánica del Politecnico de Milán bajo la supervisión del doctor Umberto Cugini. El objetivo: la proyectación y el desarrollo de un pie para correr y la fundación de Roadrunnerfoot, creada en el 2007, durante el segundo año de mi doctorado.